Cocodrilo que se duerme es cartera
Dotar de recursos a una AT es un esfuerzo continuo y de largo plazo. Si dejamos que se adormezca, corremos el riesgo de terminar como el cocodrilo.
Por Pablo Porporatto, Blog del CIAT, 14 de junio de 2025
En la era de la transformación digital, las administraciones tributarias (AATT) se encuentran en una encrucijada innovadora. La Inteligencia Artificial (IA) ha emergido como una fuerza disruptiva y potenciadora, prometiendo revolucionar la forma en que se gestionan los impuestos, se interactúa con los contribuyentes y se combate el fraude.
En este contexto, los Agentes de Inteligencia Artificial se perfilan como protagonistas de una nueva frontera, capaces de operar con autonomía y llevar la eficiencia, la equidad y la calidad del servicio a niveles sin precedentes. Pero, tales ventajas entrañan nuevos desafíos y consideraciones éticas.
¿Qué -o quiénes- son los Agentes de IA?
Los Agentes de IA -racionales, inteligentes o autónomos, como también se los conoce-, son entidades de software que percibe su entorno a través de sensores (por ejemplo, flujos de datos, interacciones del usuario) y actúan sobre ese entorno mediante efectores (por ejemplo, respuestas en un chat, alertas, ejecución de procesos) de manera autónoma para alcanzar objetivos específicos (Russell & Norvig, 2021). Su «inteligencia» radica en su capacidad para tomar decisiones racionales, es decir, seleccionar la acción que se espera maximice una medida de rendimiento, dadas las percepciones y cualquier conocimiento incorporado.
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Dotar de recursos a una AT es un esfuerzo continuo y de largo plazo. Si dejamos que se adormezca, corremos el riesgo de terminar como el cocodrilo.
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