Cocodrilo que se duerme es cartera
Dotar de recursos a una AT es un esfuerzo continuo y de largo plazo. Si dejamos que se adormezca, corremos el riesgo de terminar como el cocodrilo.
Por Fernando Serrano Antón, Blog del CIAT, 7 de mayo de 2025
Era una mañana cualquiera en la oficina de recaudación tributaria. El personal llegaba, como siempre, entre papeles, ordenadores, impresoras y cafés apresurados. Pero esa mañana algo era distinto: no había nuevos funcionarios, pero sí una presencia inédita, silenciosa, que lo cambiaría todo. Había llegado la inteligencia artificial (IA).
Con rapidez y eficiencia, esta nueva herramienta comenzó a transformar la rutina. No se trataba solo de automatizar tareas: la IA predecía riesgos fiscales, detectaba inconsistencias, cruzaba datos complejos y hasta colaboraba con la fiscalización e inspección en tiempo real. Las Administraciones tributarias, desde la más pequeña en América Latina hasta las más tecnificadas en Europa, empezaron a ver resultados concretos: mayor eficiencia, mejores tasas de cumplimiento, procesos más transparentes.
En efecto, esta puede ser la crónica de los últimos años: la IA ha dejado de ser una promesa futurista para convertirse en una realidad en la gestión pública. Su implementación por parte de las Administraciones tributarias representa uno de los cambios más significativos y disruptivos en la tributación. Sin embargo, como toda herramienta poderosa, la IA plantea no solo oportunidades, sino también desafíos que no pueden ignorarse.
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Dotar de recursos a una AT es un esfuerzo continuo y de largo plazo. Si dejamos que se adormezca, corremos el riesgo de terminar como el cocodrilo.
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