Noticias Fiscales

Resumen de información editada por los principales periódicos argentinos e iberoamericanos



 


LAS SUPERRENTAS
Por Dr. Tulio Rosembuj

Las superrentas deben gravarse. Los superbeneficios obtenidos por enteros  sectores de la actividad económica que suponen plusvalías para las empresas y sus accionistas deben ser objeto de un impuesto extraordinario que permita, a la par, financiar la rebaja de los impuestos sobre el trabajo y la inversión productiva y recaudación al sector público.

1. Hubo Keynes y después el vacío. Nos dejó escrito todo sobre la gestión de las crisis del sistema capitalista y como salir. Los que le sucedieron predicaron y aún lo hacen sobre cómo usar el mercado para  hacer beneficios y superbeneficios, cómo construir monopolios y supermonopolios. La diferencia está a la vista de cualquiera. El mercado es una timba global dominada por la máxima ganancia en el menor tiempo posible y son indiferentes o irrelevantes los efectos sobre los mercados, los pueblos, el resto de la economía. Es un momento para los juegos de azar y para los que arriesgan sobre las desgracias ajenas. Al fin y al cabo, aunque pierdan, ganan, porque son el sistema nervioso central del mercado (capitalista).
La política fiscal no está de moda. La crisis, en Keynes, se afronta sosteniendo la demanda global y uno de los estímulos es el aumento del gasto público y la rebaja de los impuestos que afecten el consumo y la inversión.
La preferencia de ahora está en el juego monetario, el precio del dinero, la circulación de medios de pago. Si hay mucha cantidad de moneda, pierde calidad y alimenta las presiones inflacionarias. Vamos a aumentar el precio y restringir la cantidad, para la estabilidad económica. El mercado financiero y asegurador agradecido porque cuenta con el Estado(los Estados) para preservarlo del hundimiento, que, cosas del destino, provocaron con sus desmesuradas apuestas especulativas y superbeneficios de años anteriores.

La rebaja de los impuestos de Keynes no supone el desarme del Estado. No es el acompañamiento postizo del neoliberalismo, para favor de los grandes beneficiarios de la crisis. Al contrario. Se propone disminuir la carga fiscal de los trabajadores y consumidores, aumentándola sobre las superrentas. Y aquí está el problema real.

2. Durante la década que termina hubo sectores que obtuvieron superrentas derivadas no tanto de sus méritos empresariales o de innovación cuanto del aprovechamiento descarado de la ausencia de regulación global y el bajo precio del dinero. Ese espectáculo puede contemplarse en technicolor y cinemascope: mire hacia las empresas inmobiliarias; mire hacia el sector financiero, bancario, asegurador; mire hacia el sector de alimentación. Como se puede notar, no son empresas singulares que se procuran superbeneficios de su buen hacer en el mercado sino de sectores enteros de actividad que aprovechan el monetarismo perverso y la falta de regulación legal para hacer su agosto, setiembre, noviembre y así sucesivamente.
La especulación desatada tiene un límite y mientras algunos sectores lo superan (el petróleo, los alimentos), otros se dan de bruces contra el suelo, construcción, inmobiliarias, bancos, aseguradoras.
Felicitaciones a los especuladores supervivientes porque de ellos será el reino del mercado. A los otros, el desprecio. Primero, porque les pudo la pura codicia, que no el afán legítimo de lucro; segundo, porque no supieron ver que la crisis comenzaba en sus propias expectativas de riesgo, apostando por las pérdidas antes que por los beneficios ajenos.
¿Pero que hace el o los Estados ante esta situación?
EEUU fiel a su tradición penal detiene a unos cuantos como mensaje para los otros especuladores y abre procesos contra grandes bancos  por fraude fiscal y financiero. Pero no sólo. Su Banco central, olvidando las lecciones neoliberales, intervino para evitar la quiebra del sistema bancario, invitando a otros a compartir la crisis que habían activado. El mensaje fue claro: no le dejaremos a Ud. con los beneficios obtenidos y traspasando sus pérdidas a todos nosotros. Vamos a quitarle la propiedad dejando al mínimo su capital.
Europa, fiel a su cultura, está paralizada por la inacción y está inactiva por el miedo y tiene miedo por incompetencia. O sea, vamos a verlas venir.
Es inconcebible y pornográfico que su Banco Central proponga aumento de tipo de interés sobre el euro, cuando las estanterías se caen, aumenta el paro, vendrán las quiebras y se dispara la morosidad hipotecaria antes estimulada por la propia banca. No hay Keynes a la vista, si no más Friedman, más monetarismo, menos economía real.
El pronóstico no es difícil. EEUU saldrá de la crisis, pese al petróleo, pese al déficit público, pese a pérdidas de entidades financieras destinadas a desaparecer o capitalizarse; mientras que Europa será devorada por los mismos protagonistas de las superrentas de la década pasada.

3. Una de las alternativas insertas en la cultura económica europea y su sector público consiste en el impuesto. El impuesto, también, aunque no se diga, puede gravar a los ricos y no solo a los pobres.
Las superrentas deben gravarse. Los superbeneficios obtenidos por enteros  sectores de la actividad económica que suponen plusvalías para las empresas y sus accionistas deben ser objeto de un impuesto extraordinario que permita, a la par, financiar la rebaja de los impuestos sobre el trabajo y la inversión productiva y recaudación al sector público.
La doctrina clásica, D. Ricardo, Hobson, Griziotti, defienden el impuesto sobre las superrentas, aquellas que exceden notoriamente el beneficio normal respecto al capital y las reservas o el incremento de patrimonio de las empresas y personas. Es un impuesto único, excepcional, que no es trasladable y afectaría, fundamentalmente a los intereses oligopólicos. Históricamente, es un impuesto contra la especulación y el enriquecimiento sin causa. Su aplicación tuvo origen en las experiencias de posguerra. Pero su filosofía se ajusta a la perfección para gravar los beneficios de las empresas dedicadas al petróleo, al sector financiero, bancario, asegurador, alimentario.
No hay razón para que los que obtuvieron superganancias y las siguen obteniendo no contribuyan excepcionalmente con una proporción adicional al Tesoro Público. Esos beneficios no se diluyeron, están ahí, esperando retornar a la especulación u ocultos en paraísos fiscales como patrimonio líquido de personas o empresas. No hay traslación y, por tanto, el contribuyente designado en la ley será el que soporte el impuesto definitivamente.
El mensaje que se lleva a la sociedad es que el aumento necesario del gasto público para conservar y reactivar la economía y la rebaja de la carga fiscal a los trabajadores y a la inversión productiva no es incompatible con un impuesto extraordinario sobre las superrentas de los que nos han conducido, por su desmesura, a la situación actual.
Europa, en su conjunto, debiera replantearse la respuesta global. España y su gobierno, debiera obviar digresiones gramaticales, centrándose en Keynes, las superrentas y evitando las medidas cosméticas que sí descargan  los efectos económicos sobre los más débiles.

 

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